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lunes, 10 de noviembre de 2008

Mi nombre es...

No preguntes mi nombre y escucha:

Soy quien se pasea por las calles oscuras de tu ciudad, el que ve al hombre que se esconde bajo los periódicos del frío, el que espera que alguien mas atienda al niño, proteja a su madre, seque lágrimas y se siente con los jueeces sin torcer el derecho; quien se alegra en la balanza justa y en la medida honrada, el que colabora con el honesto y se alegra en el íntegro. Soy un ingenuo a tus ojos que se enternece cuando ve a la madre jugar con su hijo y al hombre ganarse su salario onestamente mientras tala rascacielos de corrupción. Soy un loco a tus ojos, que susurra palabras de esperanza sin cansarse porque aún cree que ésta todavía exíste y puede anidar en el corazón del ser humano. ¿Sabes? Yo no me canso. Cuento con tiempo y mensajeros para enviar paz.

Ven y caminemos por nuevos rumbos mientras me escuchas hablar, porque haz dictado sentencia contra mí in llamar a testigos ni dejarme hablar, ignorante que t í mismo te condenas.

Cuéntame de tu hogar, rodeado de lujos y ahogado en soledad, de tus éxitos que duran lo mismo que un aplauso.

Platícame también de ese lugar secreto a donde fuiste a olvidar tu responsabilidad y el motivo por el cual olvidaste el color de la primavera en la pradera, el olor a hierba fresca y el perfume del rosal. Acompañame a volver a escuchar al viento silvar por las copas de los pinos y al gavilán cantar.

¿Por qué dices que no estoy cerca? Si ni siquiera quieres ver, ¿Por qué dices que no siento? Si apenas y dejo de llorar. Conozco tu carrera y tu pesar, reconozco lo pesado que se hace caminar cuesta arriba la calle empedrada, cargando deudas que tardarás en saldar y vacíos de esperanza que ni licor, mujer ni drogra podrán llenar.

Sacia tu hambre de poder y limpia de tu boca la sangre de los inocentes que orpimes.

Sentémonos a tu mesa, convídame con tu natural bondad de la olla de frijoles bien avidos que permanece en las brasas y de la tortilla que tu mujer acaba de rescatar del comal.

Responde: ¿Cuándo me volví aborrecoble a tu mirada y cuándo olvidaste la dirección de mi hogar? Si tan sólo búscarás en donde se puede buscar, encontrarías la vida en mi mirada.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Remomorandome

Me gusta guardar cosas, lo hago por que me recuerdan a personas, principalmente. Cuando limpio mi cajón encuentro de todo, pequeños juguetes, papelitos con algo escrito, cartas, empaques de algun dulce, una tarjeta, un chocolate viejo. Todo guardado en una cajita de madera color café, ahí también están las fotos, mis viejas carteras, un par de prendedores y algunas cosas que en la prepa guarde como capsula del tiempo. Ayer, cuando limpiaba mi cajón y sacaba los calcetines que se quedaron solos porque no apareció su par encontré esto y pues decidí subirlo. Me gustó cuando lo hice, hace ya un tiempo.


Versos tiernos

Cuando busco entre mis cajones

Siempre encuentro sorpresas,

Aparecen viejas fotos y letras de canciones

Que yo mismo escribí motivado por un par de lindas sonrisas.

Surgen entre toda esa lluvia de recuerdos muchos nombres,

Momentos especiales, colores y aromas.


Y entre todos ellos mis mayores tesoros,

Un par de hojas arrugadas y manchadas de tinta.

En ellas un par de antiguos versos

Dedicados a una linda jovencita.

Versos de esos que escriben los quinceañeros,

Sencillos, en verso y sin rima.

Versos que tal vez pudieron ser todo, excepto eso, versos.

Llenos de metáforas que solo manifiestan estima.

Pequeños versos de quinceañeros,

Carentes de estilo y rima,

Que pudieron llegar a ser cualquier cosa, excepto versos.

Llenos de metáforas y de tiernos “te quiero”.

Versos, versitos pequeños.

Que a la postre producen a uno o dos expertos.

Versos tiernos de quinceañero,

Que pudieron llegar a ser todo, excepto versos.

Carentes de estilo y rima,

Pero siempre sinceros.

Versos y simples primerizos versos de quinceañeros,

Sin ritmo ni rima,

Pero siempre, siempre sinceros,

Sin complejas metáforas, pero llenos de tiernos “te quiero”.

martes, 12 de agosto de 2008

LA TORONJA

Un día llamaron por teléfono, fue mi prima, me dijo que mi abuela estaba gravemente enferma en el hospital, media hora después volvió a llamar, me dijo, con voz quebrada y pausada: "falleció Abdiel". Colgué, guarde silencio, comencé a llorar, tenía un par de meses sin verla. Después, con el tiempo, le escribí esto, aunque lamentablemente ya no lo va a poder escuchar cuando se lo lea, como aquellas tardes cuando se sentaba en la sala y yo tocaba para ella en mi teclado las únicas dos canciones que sabía...


LA TORONJA

Hoy, como ayer,

Comer toronja es mucho más que eso,

Más que una acto sencillo de arranca cáscara, separar gajos y llevarlos a la boca.

Va más allá de perfumar el ambiente con un embriagador aroma,

Mucho más allá de disfrutar de una jugosa, deliciosa y agridulce sensación.

Sí, por supuesto, hoy, comer toronja es mucho más que eso.

Es comer en cada gajo suyo un pedacito de recuerdo,

De cosas y tantas muchas otras cosas,

De personas, lugares, colores, aromas y otra vez, personas,

Igualmente delicioso.

Rememorar a razón de su circunferencia colorada

Un par de pequeñas y gruesas manos morenas,

De uñas cortas luchando contra su cascara.

Y hoy, aquí sentado a la mesa, a la mitad de mi toronja,

Reconozco que fue su perfume el que invocó los recuerdos,

Porque parece que vuelvo, o creo, o quiero escuchar otra vez tu voz

Diciendo, con todo y la impaciencia que tenías,

“cuídate de no manchar tu camisa”.

¿Qué si te extraño?

Por supuesto que sí, mucho, no sabes como ni cuanto.

Recuerdo el sabor de tu comida,

De la misma forma que el brillo de tu sonrisa.

Por eso, hoy, hoy como ayer,

Digo y vuelvo a decir: comer toronja es mucho más que eso.

Es recordarnos a ambos en mis recuerdos,

Debajo de la granada, cerca de la barda de ladrillos,

Descansando por la tarde en un viejo banco de madera,

Comiendo yo con mi abuela.

Por eso, hoy, como ayer, pero más hoy,

Comer toronja es mucho más que eso,

Es una forma deliciosa, dulce y cómplice

Para decir casi en secreto: te quiero, te extraño…