No hay dolor
No hay verdad, no hay mentira,
No hay eternidad solo presente, solo ira.
No hay valor en las palabras.
Hay un hombre haciéndose millonario
Inventando una nueva sensación que no produce la droga
Y una fila de compradores a la puerta esperando desesperados.
No hay humanidad, se extinguió.
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viernes, 28 de noviembre de 2008
jueves, 27 de noviembre de 2008
De a ratitos
De a ratitos me dan ganas de irme a jugar, pero mi mamá dice que no puedo, tengo que acabar la cajita. De a ratitos me dan ganas de comprarme también una nieve en la paleteria de enfrente, como todos los niños, no me importa el sabor, me gustan todos, el de fresa, el de chocolate, el de vainilla y el de galleta. Pero a mí me gustaría probar el que hace reír. Porque yo veo a todos los niños felices cuando lo comen, ese sabor si que no lo he probado. De a ratitos a mi también me dan ganas de llorar, pero mi mamá dice que los niños no lloramos, pero yo no le creo. Cuando hace sol me lastima la cara, todo el día estoy en este crucero, de a ratitos mi mamá me deja descansar y me compra un taco para comer, de a ratitos la puedo abrazar y decirle que la quiero, nada más de a ratitos, la calle con sus ruidosos carros nos separan. A mi me gusta trabajar, lo que sí no me gusta es que no me da tiempo de jugar, de a ratitos puedo. Yo no tengo amigos, los otros niños como yo también trabajan y solo de a ratitos los veo. Yo siempre he querido de regalo una pelota, una vez vi a un señor que compró una y yo imaginé que él era mi papá y yo el niño que la iba a recibir. Yo no tengo pelota, un día tuve una, pero me la robaron, porque yo estoy en casa de a ratitos y no puedo jugar.
Cuando abro una caja nueva de chicles me puedo comer uno, por si ese día mi mamá no compra tacos. Al principio me daba miedo la calle, me asustaban mucho los camiones grandotes, me daba mucho miedo cuando pensaba que el chofer me podía aplastar porque no me iba a ver, yo estoy chiquito y esos camiones son bien grandes. De a ratitos me da hambre, pero me como otro chicle y se me quitan.
Yo tengo amigos aqui en el semafoto, el señor que vende los periñodicos se llama el tío Pepe, es muy bueno conmigo, cuando compra comida siempre me da, a mi me paga los chicles con comida, nunca me quiere dar dinero, por eso a lo mejor mi mamá no lo quiere. El tío Pepe me dijo que un día me va a llevar al parque, a subirme a los columpios y resbaladillas, que me va comprar un algodon de dulce y vamos a jugar futbol en el pasto y al final vamos a comer tortas. El día que lo atropelló el carro gris lloré mucho, ya no lo volví a ver. Yo quería mucho al tío Pepe, de a ratitos pienso que un día va a regresar con sus periódicos en las manos, gritando con su voz fuerte, corriendo entre los carros siempre contento, extendiendo su mano para darme un taco. Mi mamá dice que se murió, pero yo no le creo,porque también dice que mañana ya no voy a venir y siempre vengo.
Yo nunca he partido pastel en mi cumpleaños, de a ratitos pienso en como sería una fiesta. Cuando sea grande voy a hacer una muy grande en la casa, vamos a comer mole, tomar agua de jamaica, los niños van a gritar "mordida, mordida" y alguien me va a empujar, después vamos a quebrar la piñata llena de dulces y frutas, pero sin chicles, esos no me gustan, los odio, odio su sabor, odio que duren. Ese día voy a recibir muchos regalos, una pelota de futbol, un papá para jugar con él, al tío Pepe y un hermanito para cuidarlo y no dejar que mi mamá se lo lleve a la calle a vender chicles, yo sí lo voy a cuidar, a mí mis hermanos no me cuidan, cuando me trajeron a la calle por primera vez le pedi a Juan que le dijera a mi mamá que no quería venir y él no me ayudo. Juan no me quiere. En mi fiesta de cumpleaños voy a pedir de regalo una nieve del sabor que compran los niños en la paletería de enfrente y que los hace reír. A mi me gusta el chocolate, la vainilla y la de fresa, pero quiero probar el que hace feliz, de a ratitos pienso a qué sabe, de a ratitos nada más, cuando el semaforo se pone en verde, y yo me tengo que quedar paradito tiezo en medio de la calle para no caerme. De ratitos pienso que será sentirse feliz, de a ratitos pienso cuantos chicles tengo que vender para comprarme una nieve.
Cuando abro una caja nueva de chicles me puedo comer uno, por si ese día mi mamá no compra tacos. Al principio me daba miedo la calle, me asustaban mucho los camiones grandotes, me daba mucho miedo cuando pensaba que el chofer me podía aplastar porque no me iba a ver, yo estoy chiquito y esos camiones son bien grandes. De a ratitos me da hambre, pero me como otro chicle y se me quitan.
Yo tengo amigos aqui en el semafoto, el señor que vende los periñodicos se llama el tío Pepe, es muy bueno conmigo, cuando compra comida siempre me da, a mi me paga los chicles con comida, nunca me quiere dar dinero, por eso a lo mejor mi mamá no lo quiere. El tío Pepe me dijo que un día me va a llevar al parque, a subirme a los columpios y resbaladillas, que me va comprar un algodon de dulce y vamos a jugar futbol en el pasto y al final vamos a comer tortas. El día que lo atropelló el carro gris lloré mucho, ya no lo volví a ver. Yo quería mucho al tío Pepe, de a ratitos pienso que un día va a regresar con sus periódicos en las manos, gritando con su voz fuerte, corriendo entre los carros siempre contento, extendiendo su mano para darme un taco. Mi mamá dice que se murió, pero yo no le creo,porque también dice que mañana ya no voy a venir y siempre vengo.
Yo nunca he partido pastel en mi cumpleaños, de a ratitos pienso en como sería una fiesta. Cuando sea grande voy a hacer una muy grande en la casa, vamos a comer mole, tomar agua de jamaica, los niños van a gritar "mordida, mordida" y alguien me va a empujar, después vamos a quebrar la piñata llena de dulces y frutas, pero sin chicles, esos no me gustan, los odio, odio su sabor, odio que duren. Ese día voy a recibir muchos regalos, una pelota de futbol, un papá para jugar con él, al tío Pepe y un hermanito para cuidarlo y no dejar que mi mamá se lo lleve a la calle a vender chicles, yo sí lo voy a cuidar, a mí mis hermanos no me cuidan, cuando me trajeron a la calle por primera vez le pedi a Juan que le dijera a mi mamá que no quería venir y él no me ayudo. Juan no me quiere. En mi fiesta de cumpleaños voy a pedir de regalo una nieve del sabor que compran los niños en la paletería de enfrente y que los hace reír. A mi me gusta el chocolate, la vainilla y la de fresa, pero quiero probar el que hace feliz, de a ratitos pienso a qué sabe, de a ratitos nada más, cuando el semaforo se pone en verde, y yo me tengo que quedar paradito tiezo en medio de la calle para no caerme. De ratitos pienso que será sentirse feliz, de a ratitos pienso cuantos chicles tengo que vender para comprarme una nieve.
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lunes, 17 de noviembre de 2008
Plegarias I
Y mientras en mi corazón había un coraje contra las instituciones eclesíasticas, la burocracia, las formalidades, yo permanecía de pie entre las bancas en la primera alabanza del servicio, un domingo por la mañana en la crongregación. Estaba a punto de dejar una responsabilidad por haber perdido el rumbo, creía que mi esfuerzo era diminuto y no podría contruibuir a detener el peligro que yo, como centinela que me creía podía alcanzar a ver.
Entonces inicio la primera alabanza, las bienvenidas y oraciones me sabían a protocolo de Estado, tan vacías y sin llenad de vida... pensaba en mi interior, para mi y para mi Dios, ¿es correcto preguntar y cuestionar? ¿Estoy haciendo mal al preguntar?
Comencé a palmear para acompañar la alabanza, sentía que no alabana a Dios con ello, me sentía mal rodeado de hermanos en la congregación.
Entonces en mi crisis pregunté y traté de ver entre la gente un rostro, una pista que me dijera que todo aquello no era un teatro y yo un actor más en la escena hueca, y pude ver, y al hacerlo lloré, porque frente a mí, del otro lado, estaba ella, una niña que no recuerdo su nombre, con una discapacidad, pero que en su rostro reflejaba alegría, gozo, mientras no dejaba de palmear desentonadamente y haciendo mímicas en su lugar, cerrando sus ojos y levantando sus manos, yo pude ver en ella la presencia del Eterno. No pude resistir a la tentación y la comparé con otros más, con los líderes de gafete de la primera fila, con los despistados de las orillas y en nadie pude ver lo mismo que en ella. Adoración. Entonces sentí una opresión en mi pecho y comencé a llorar, no pude continuar palmeando, me senté y lloré durante todo el tiempo de la alabanza.... lloré y lloré y dije tanto y me vacié ante el Señor, y le conté mis dudas, le hice mis preguntas, me deje abrazar por él, mientras los hermanos palmeaban y la niña adoraba. Entonces saqué una hoja de mi Biblia y escribí...
Señor, no nos dejes vivir dos realidades sin que éstas se crucen y sean incompatibles.
Señor, no me permites y no nos permitas disfrutar de una realidad de prosperidad optimizada por autosugestiones pseudocristianizadas, ni enamorarnos de un discurso cristiano triunfalista.
Señor, no me hagas olvidar la realidad del dolor, donde viven los seres humanos, sintíendose solos, frustrados o miserables.
Señor, en´señame a vivir en tu verdad, a caminar al lado del resto de la humanidad con dolor pero levando tu amor y esperanza.
Señor, perdónanos, porque hemos construido otro mundo, nuestro mundo -donde tú no habitas-, ante la incapacidad e ignorancia de cómo transformar el verdadero.
Señor, somos culpables, culpables por escapar de la realidad, por ir contra tu oración, esa en la que pediste que no fueramos sacados del mundo.
Señor, perdónanos por escapar de la realidad, por contribuir a la deconstrucción del mundo con nuestra negligencia.
Señor, nos han quedado grande los títulos, todos los títulos, nos ha quedado grande el título de "pueblo de Dios, "testigos", "sal de la tierra y luz en la oscuridad", "siervos", "hijos de Dios" y "cuerpo de Cristo", porque los hemos pisoteado y no hemos construibuido a honrarlos.
Señor, salvo honrosas y humildes ecepciones, tu pueblo, nosotros, nos hemos acostumbrado al mundo, nos alegramos sinceramente cuando el mundo sufre de dolor y muere en la desesperación por buscar respuestas y algo que le de sentido a su existencia...
Ayúdanos tú Señor, no nos dejes a nuestra comoidad, no nos sueltes...
Entonces inicio la primera alabanza, las bienvenidas y oraciones me sabían a protocolo de Estado, tan vacías y sin llenad de vida... pensaba en mi interior, para mi y para mi Dios, ¿es correcto preguntar y cuestionar? ¿Estoy haciendo mal al preguntar?
Comencé a palmear para acompañar la alabanza, sentía que no alabana a Dios con ello, me sentía mal rodeado de hermanos en la congregación.
Entonces en mi crisis pregunté y traté de ver entre la gente un rostro, una pista que me dijera que todo aquello no era un teatro y yo un actor más en la escena hueca, y pude ver, y al hacerlo lloré, porque frente a mí, del otro lado, estaba ella, una niña que no recuerdo su nombre, con una discapacidad, pero que en su rostro reflejaba alegría, gozo, mientras no dejaba de palmear desentonadamente y haciendo mímicas en su lugar, cerrando sus ojos y levantando sus manos, yo pude ver en ella la presencia del Eterno. No pude resistir a la tentación y la comparé con otros más, con los líderes de gafete de la primera fila, con los despistados de las orillas y en nadie pude ver lo mismo que en ella. Adoración. Entonces sentí una opresión en mi pecho y comencé a llorar, no pude continuar palmeando, me senté y lloré durante todo el tiempo de la alabanza.... lloré y lloré y dije tanto y me vacié ante el Señor, y le conté mis dudas, le hice mis preguntas, me deje abrazar por él, mientras los hermanos palmeaban y la niña adoraba. Entonces saqué una hoja de mi Biblia y escribí...
Señor, no nos dejes vivir dos realidades sin que éstas se crucen y sean incompatibles.
Señor, no me permites y no nos permitas disfrutar de una realidad de prosperidad optimizada por autosugestiones pseudocristianizadas, ni enamorarnos de un discurso cristiano triunfalista.
Señor, no me hagas olvidar la realidad del dolor, donde viven los seres humanos, sintíendose solos, frustrados o miserables.
Señor, en´señame a vivir en tu verdad, a caminar al lado del resto de la humanidad con dolor pero levando tu amor y esperanza.
Señor, perdónanos, porque hemos construido otro mundo, nuestro mundo -donde tú no habitas-, ante la incapacidad e ignorancia de cómo transformar el verdadero.
Señor, somos culpables, culpables por escapar de la realidad, por ir contra tu oración, esa en la que pediste que no fueramos sacados del mundo.
Señor, perdónanos por escapar de la realidad, por contribuir a la deconstrucción del mundo con nuestra negligencia.
Señor, nos han quedado grande los títulos, todos los títulos, nos ha quedado grande el título de "pueblo de Dios, "testigos", "sal de la tierra y luz en la oscuridad", "siervos", "hijos de Dios" y "cuerpo de Cristo", porque los hemos pisoteado y no hemos construibuido a honrarlos.
Señor, salvo honrosas y humildes ecepciones, tu pueblo, nosotros, nos hemos acostumbrado al mundo, nos alegramos sinceramente cuando el mundo sufre de dolor y muere en la desesperación por buscar respuestas y algo que le de sentido a su existencia...
Ayúdanos tú Señor, no nos dejes a nuestra comoidad, no nos sueltes...
sábado, 15 de noviembre de 2008
Sobre el mundo y sus explicaciones
Muchos aspiran a explicar las razones, a determinar las causas e identificar los factores. Otros sólo quieren una moneda, una tortilla, un abrazo o una palabra. Las incoherencias del mundo son abismales, desgarradoras y casi siempre crueles. El mundo es el sistema que hemos construido con nuestras capacidades, habilidades, motivaciones y egoísmo. Este mundo que dista mucho de ser “la buena creación” que dibuja una sonrisa en el rostro del artista complacido con su obra.
Con este mundo trabajan los que proponen las teorías, a este mundo buscan darle sentido, adornar sus desarreglos o denunciar su caos. Mientras unos piensan, analizan, sueñan y discuten, otros mueren, huyen, matan o sólo sobreviven. Pero eso no es lo peor, lo imperdonable es ignorarlo. Lo triste es no querer comprenderlo, lo peor es no dar la mano al que la ocupa, voltear la espalda al que no entiende, enaltecerte ante el que ignora o reír cuando otros lloran.
Al mundo habrá de amarlo y en amarlo está creer. En el mundo está el humano: el hombre, la mujer, el niño, el anciano, el indígena, el africano, el millonario, la poeta y el desvalido. Creer que somos iguales en nuestras diferencias, creer que todos tenemos el mismo origen, sentido, capacidades y luchar por el acceso a la oportunidad, el disfrute y la comunidad. Por eso habrá que creer cuando las teorías no explican (y aún cuando lo hacen) o cuando los satélites no alcanzan (cómo dice el canto).
El que cree, espera lo mejor. Espero cielos nuevos y tierra nueva. No aspiro por un boleto al cielo desmaterializado, lucho por la nueva humanidad, el nuevo orden, la nueva comunidad. Y no porque el “progreso” nos dirija hacia allá, sino por lo ya inaugurado, por la esperanza hoy presente.
Con este mundo trabajan los que proponen las teorías, a este mundo buscan darle sentido, adornar sus desarreglos o denunciar su caos. Mientras unos piensan, analizan, sueñan y discuten, otros mueren, huyen, matan o sólo sobreviven. Pero eso no es lo peor, lo imperdonable es ignorarlo. Lo triste es no querer comprenderlo, lo peor es no dar la mano al que la ocupa, voltear la espalda al que no entiende, enaltecerte ante el que ignora o reír cuando otros lloran.
Al mundo habrá de amarlo y en amarlo está creer. En el mundo está el humano: el hombre, la mujer, el niño, el anciano, el indígena, el africano, el millonario, la poeta y el desvalido. Creer que somos iguales en nuestras diferencias, creer que todos tenemos el mismo origen, sentido, capacidades y luchar por el acceso a la oportunidad, el disfrute y la comunidad. Por eso habrá que creer cuando las teorías no explican (y aún cuando lo hacen) o cuando los satélites no alcanzan (cómo dice el canto).
El que cree, espera lo mejor. Espero cielos nuevos y tierra nueva. No aspiro por un boleto al cielo desmaterializado, lucho por la nueva humanidad, el nuevo orden, la nueva comunidad. Y no porque el “progreso” nos dirija hacia allá, sino por lo ya inaugurado, por la esperanza hoy presente.
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lunes, 10 de noviembre de 2008
Mi nombre es...
No preguntes mi nombre y escucha:
Soy quien se pasea por las calles oscuras de tu ciudad, el que ve al hombre que se esconde bajo los periódicos del frío, el que espera que alguien mas atienda al niño, proteja a su madre, seque lágrimas y se siente con los jueeces sin torcer el derecho; quien se alegra en la balanza justa y en la medida honrada, el que colabora con el honesto y se alegra en el íntegro. Soy un ingenuo a tus ojos que se enternece cuando ve a la madre jugar con su hijo y al hombre ganarse su salario onestamente mientras tala rascacielos de corrupción. Soy un loco a tus ojos, que susurra palabras de esperanza sin cansarse porque aún cree que ésta todavía exíste y puede anidar en el corazón del ser humano. ¿Sabes? Yo no me canso. Cuento con tiempo y mensajeros para enviar paz.
Ven y caminemos por nuevos rumbos mientras me escuchas hablar, porque haz dictado sentencia contra mí in llamar a testigos ni dejarme hablar, ignorante que t í mismo te condenas.
Cuéntame de tu hogar, rodeado de lujos y ahogado en soledad, de tus éxitos que duran lo mismo que un aplauso.
Platícame también de ese lugar secreto a donde fuiste a olvidar tu responsabilidad y el motivo por el cual olvidaste el color de la primavera en la pradera, el olor a hierba fresca y el perfume del rosal. Acompañame a volver a escuchar al viento silvar por las copas de los pinos y al gavilán cantar.
¿Por qué dices que no estoy cerca? Si ni siquiera quieres ver, ¿Por qué dices que no siento? Si apenas y dejo de llorar. Conozco tu carrera y tu pesar, reconozco lo pesado que se hace caminar cuesta arriba la calle empedrada, cargando deudas que tardarás en saldar y vacíos de esperanza que ni licor, mujer ni drogra podrán llenar.
Sacia tu hambre de poder y limpia de tu boca la sangre de los inocentes que orpimes.
Sentémonos a tu mesa, convídame con tu natural bondad de la olla de frijoles bien avidos que permanece en las brasas y de la tortilla que tu mujer acaba de rescatar del comal.
Responde: ¿Cuándo me volví aborrecoble a tu mirada y cuándo olvidaste la dirección de mi hogar? Si tan sólo búscarás en donde se puede buscar, encontrarías la vida en mi mirada.
Soy quien se pasea por las calles oscuras de tu ciudad, el que ve al hombre que se esconde bajo los periódicos del frío, el que espera que alguien mas atienda al niño, proteja a su madre, seque lágrimas y se siente con los jueeces sin torcer el derecho; quien se alegra en la balanza justa y en la medida honrada, el que colabora con el honesto y se alegra en el íntegro. Soy un ingenuo a tus ojos que se enternece cuando ve a la madre jugar con su hijo y al hombre ganarse su salario onestamente mientras tala rascacielos de corrupción. Soy un loco a tus ojos, que susurra palabras de esperanza sin cansarse porque aún cree que ésta todavía exíste y puede anidar en el corazón del ser humano. ¿Sabes? Yo no me canso. Cuento con tiempo y mensajeros para enviar paz.
Ven y caminemos por nuevos rumbos mientras me escuchas hablar, porque haz dictado sentencia contra mí in llamar a testigos ni dejarme hablar, ignorante que t í mismo te condenas.
Cuéntame de tu hogar, rodeado de lujos y ahogado en soledad, de tus éxitos que duran lo mismo que un aplauso.
Platícame también de ese lugar secreto a donde fuiste a olvidar tu responsabilidad y el motivo por el cual olvidaste el color de la primavera en la pradera, el olor a hierba fresca y el perfume del rosal. Acompañame a volver a escuchar al viento silvar por las copas de los pinos y al gavilán cantar.
¿Por qué dices que no estoy cerca? Si ni siquiera quieres ver, ¿Por qué dices que no siento? Si apenas y dejo de llorar. Conozco tu carrera y tu pesar, reconozco lo pesado que se hace caminar cuesta arriba la calle empedrada, cargando deudas que tardarás en saldar y vacíos de esperanza que ni licor, mujer ni drogra podrán llenar.
Sacia tu hambre de poder y limpia de tu boca la sangre de los inocentes que orpimes.
Sentémonos a tu mesa, convídame con tu natural bondad de la olla de frijoles bien avidos que permanece en las brasas y de la tortilla que tu mujer acaba de rescatar del comal.
Responde: ¿Cuándo me volví aborrecoble a tu mirada y cuándo olvidaste la dirección de mi hogar? Si tan sólo búscarás en donde se puede buscar, encontrarías la vida en mi mirada.
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