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sábado, 17 de enero de 2009

Sueños

Soñé que marchabamos en una manifestación, con proclamas y consignas contra el púlpito, a quien queriamos denunciar su falta de credibilidad y complicidad con las fuerzas de la injusticia y deshumanidad, que en un momento de crisis dejaron el rebaño y prefirieron alienarlo.

A coro gritabamos gritabamos: ¡El cristianismo no es un discurso triunfalista! La oración de Jesús al Padre no fue sacarnos de este mundo sino guardarnos en él, somos, o seguimos siendo tan humanos como cualquiera, tan débiles y frágiles, con problemas tan comunes y desesperaciones generales, nos seguimos enfermando, nos da sed, hambre, miedo, coraje y más sed de justicia. Aquellos que predique una vida cristiana exenta de todos estos problemas, aquellos que prediquen el fin de los problemas, por el simple hecho de creer en Jesús o el creer que se cree en él, están equivocados, son tan herejes como cualquier otro que dice que Jesús no es el Hijo de Dios.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Encontrados

No hay dolor
No hay verdad, no hay mentira,
No hay eternidad solo presente, solo ira.
No hay valor en las palabras.
Hay un hombre haciéndose millonario
Inventando una nueva sensación que no produce la droga
Y una fila de compradores a la puerta esperando desesperados.
No hay humanidad, se extinguió.
Sigue aquí

jueves, 27 de noviembre de 2008

De a ratitos

De a ratitos me dan ganas de irme a jugar, pero mi mamá dice que no puedo, tengo que acabar la cajita. De a ratitos me dan ganas de comprarme también una nieve en la paleteria de enfrente, como todos los niños, no me importa el sabor, me gustan todos, el de fresa, el de chocolate, el de vainilla y el de galleta. Pero a mí me gustaría probar el que hace reír. Porque yo veo a todos los niños felices cuando lo comen, ese sabor si que no lo he probado. De a ratitos a mi también me dan ganas de llorar, pero mi mamá dice que los niños no lloramos, pero yo no le creo. Cuando hace sol me lastima la cara, todo el día estoy en este crucero, de a ratitos mi mamá me deja descansar y me compra un taco para comer, de a ratitos la puedo abrazar y decirle que la quiero, nada más de a ratitos, la calle con sus ruidosos carros nos separan. A mi me gusta trabajar, lo que sí no me gusta es que no me da tiempo de jugar, de a ratitos puedo. Yo no tengo amigos, los otros niños como yo también trabajan y solo de a ratitos los veo. Yo siempre he querido de regalo una pelota, una vez vi a un señor que compró una y yo imaginé que él era mi papá y yo el niño que la iba a recibir. Yo no tengo pelota, un día tuve una, pero me la robaron, porque yo estoy en casa de a ratitos y no puedo jugar.
Cuando abro una caja nueva de chicles me puedo comer uno, por si ese día mi mamá no compra tacos. Al principio me daba miedo la calle, me asustaban mucho los camiones grandotes, me daba mucho miedo cuando pensaba que el chofer me podía aplastar porque no me iba a ver, yo estoy chiquito y esos camiones son bien grandes. De a ratitos me da hambre, pero me como otro chicle y se me quitan.
Yo tengo amigos aqui en el semafoto, el señor que vende los periñodicos se llama el tío Pepe, es muy bueno conmigo, cuando compra comida siempre me da, a mi me paga los chicles con comida, nunca me quiere dar dinero, por eso a lo mejor mi mamá no lo quiere. El tío Pepe me dijo que un día me va a llevar al parque, a subirme a los columpios y resbaladillas, que me va comprar un algodon de dulce y vamos a jugar futbol en el pasto y al final vamos a comer tortas. El día que lo atropelló el carro gris lloré mucho, ya no lo volví a ver. Yo quería mucho al tío Pepe, de a ratitos pienso que un día va a regresar con sus periódicos en las manos, gritando con su voz fuerte, corriendo entre los carros siempre contento, extendiendo su mano para darme un taco. Mi mamá dice que se murió, pero yo no le creo,porque también dice que mañana ya no voy a venir y siempre vengo.
Yo nunca he partido pastel en mi cumpleaños, de a ratitos pienso en como sería una fiesta. Cuando sea grande voy a hacer una muy grande en la casa, vamos a comer mole, tomar agua de jamaica, los niños van a gritar "mordida, mordida" y alguien me va a empujar, después vamos a quebrar la piñata llena de dulces y frutas, pero sin chicles, esos no me gustan, los odio, odio su sabor, odio que duren. Ese día voy a recibir muchos regalos, una pelota de futbol, un papá para jugar con él, al tío Pepe y un hermanito para cuidarlo y no dejar que mi mamá se lo lleve a la calle a vender chicles, yo sí lo voy a cuidar, a mí mis hermanos no me cuidan, cuando me trajeron a la calle por primera vez le pedi a Juan que le dijera a mi mamá que no quería venir y él no me ayudo. Juan no me quiere. En mi fiesta de cumpleaños voy a pedir de regalo una nieve del sabor que compran los niños en la paletería de enfrente y que los hace reír. A mi me gusta el chocolate, la vainilla y la de fresa, pero quiero probar el que hace feliz, de a ratitos pienso a qué sabe, de a ratitos nada más, cuando el semaforo se pone en verde, y yo me tengo que quedar paradito tiezo en medio de la calle para no caerme. De ratitos pienso que será sentirse feliz, de a ratitos pienso cuantos chicles tengo que vender para comprarme una nieve.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Plegarias I

Y mientras en mi corazón había un coraje contra las instituciones eclesíasticas, la burocracia, las formalidades, yo permanecía de pie entre las bancas en la primera alabanza del servicio, un domingo por la mañana en la crongregación. Estaba a punto de dejar una responsabilidad por haber perdido el rumbo, creía que mi esfuerzo era diminuto y no podría contruibuir a detener el peligro que yo, como centinela que me creía podía alcanzar a ver.
Entonces inicio la primera alabanza, las bienvenidas y oraciones me sabían a protocolo de Estado, tan vacías y sin llenad de vida... pensaba en mi interior, para mi y para mi Dios, ¿es correcto preguntar y cuestionar? ¿Estoy haciendo mal al preguntar?
Comencé a palmear para acompañar la alabanza, sentía que no alabana a Dios con ello, me sentía mal rodeado de hermanos en la congregación.
Entonces en mi crisis pregunté y traté de ver entre la gente un rostro, una pista que me dijera que todo aquello no era un teatro y yo un actor más en la escena hueca, y pude ver, y al hacerlo lloré, porque frente a mí, del otro lado, estaba ella, una niña que no recuerdo su nombre, con una discapacidad, pero que en su rostro reflejaba alegría, gozo, mientras no dejaba de palmear desentonadamente y haciendo mímicas en su lugar, cerrando sus ojos y levantando sus manos, yo pude ver en ella la presencia del Eterno. No pude resistir a la tentación y la comparé con otros más, con los líderes de gafete de la primera fila, con los despistados de las orillas y en nadie pude ver lo mismo que en ella. Adoración. Entonces sentí una opresión en mi pecho y comencé a llorar, no pude continuar palmeando, me senté y lloré durante todo el tiempo de la alabanza.... lloré y lloré y dije tanto y me vacié ante el Señor, y le conté mis dudas, le hice mis preguntas, me deje abrazar por él, mientras los hermanos palmeaban y la niña adoraba. Entonces saqué una hoja de mi Biblia y escribí...







Señor, no nos dejes vivir dos realidades sin que éstas se crucen y sean incompatibles.

Señor, no me permites y no nos permitas disfrutar de una realidad de prosperidad optimizada por autosugestiones pseudocristianizadas, ni enamorarnos de un discurso cristiano triunfalista.

Señor, no me hagas olvidar la realidad del dolor, donde viven los seres humanos, sintíendose solos, frustrados o miserables.

Señor, en´señame a vivir en tu verdad, a caminar al lado del resto de la humanidad con dolor pero levando tu amor y esperanza.

Señor, perdónanos, porque hemos construido otro mundo, nuestro mundo -donde tú no habitas-, ante la incapacidad e ignorancia de cómo transformar el verdadero.

Señor, somos culpables, culpables por escapar de la realidad, por ir contra tu oración, esa en la que pediste que no fueramos sacados del mundo.

Señor, perdónanos por escapar de la realidad, por contribuir a la deconstrucción del mundo con nuestra negligencia.

Señor, nos han quedado grande los títulos, todos los títulos, nos ha quedado grande el título de "pueblo de Dios, "testigos", "sal de la tierra y luz en la oscuridad", "siervos", "hijos de Dios" y "cuerpo de Cristo", porque los hemos pisoteado y no hemos construibuido a honrarlos.

Señor, salvo honrosas y humildes ecepciones, tu pueblo, nosotros, nos hemos acostumbrado al mundo, nos alegramos sinceramente cuando el mundo sufre de dolor y muere en la desesperación por buscar respuestas y algo que le de sentido a su existencia...

Ayúdanos tú Señor, no nos dejes a nuestra comoidad, no nos sueltes...


martes, 7 de octubre de 2008

Hay un canto ignorado en cada esquina


Otro de Después de las Diez y Cuarto, una serie de pequeñas historias urbanas....

EL CANTO IGNORADO

Temprano, antes que la estación de radio iniciara su programación regular, se levantó y dirigió al baño, tomó el cortabarbas e inició la poda de su barbilla, al final, vio con cierta alegría la casi perfecta rasurada.

Salió del baño y despertó a sus hijos para que llegaran temprano a la escuela, no tuvo respuesta, ellos se aferraron con todas sus fuerzas a la almohada. Regresó al lado de la habitación donde estaba su cama para arreglarla. Veinte minutos después estaba listo, a la puerta, guitarra al hombro y niños tomados de la mano, la abrió con gran pesar y dio titubeante los primeros pasos, buscó con su mirada a lo lejos una silueta familiar, la encontró.

De pronto, estaba frente a él una mujer joven de bellas formas, pero con el maquillaje corrido, que dejaba ver sus profundas ojeras, al instante los niños le soltaron de la mano y corrieron hacía ella. Por su parte, la joven intentó besar a sus niños ocultando el olor a alcohol. Al verla, él recordó aquellas palabras de amor pronunciadas a una preciosa y radiante joven vestida de blanco hace algunos años. La rabia y el coraje lo invaden cuando la comparó con su recuerdo y encuentra como resultado su fracaso. Los niños permanecen en medio de ellos, la joven tomó de su bolso un par de billetes y se los entregó, después se fueron.

Al quedarse solos, sin decir palabras simplemente se vieron a los ojos, y encontraron su reflejo; él inclinó por vergüenza el semblante y ella intentó cubrirse sus piernas con su corto vestido, maltratado y sucio. Se acercó a ella y extendiendo su mano entregó las llaves de su hogar. Entonces sin resistir más, la tomó entre sus brazos y sacando su pañuelo secó sus lágrimas. La besó delicadamente como queriendo decir mil cosas, soltó sus suaves manos frías y se abandonó a la calle.

En la primera estación del camión esperó paciente, pidió permiso para subir, caminó apretado por el pasillo hasta encontrarse un espacio, saludo a su público barato, rascó su guitarra y la hizo cantar con dos sencillos acordes, que todavía recuerdo con pesar, cantaba con dolor, como queriendo decir más que una simple canción. Usó su melodía para contarnos su vida y todos, o casi todos, se mostraron indiferentes, porque no le prestaron la suficiente atención para escuchar, o de perdida para agradecerle su sinceridad, no!, nadie o casi nadie lo supo apreciar. Al finalizar, regresó su guitarra al hombro, agradeció, por mera rutina y consciente de que era mentira, la supuesta atención, volvió a recorrer el pasillo para cobrar con unas pocas monedas la canción de su vida…

Repito.... hay una canción de dolor en cada esquina y nosotros no podemos sentirla... Rogemos al Padre sentir con su corazón...




miércoles, 10 de septiembre de 2008

Sinceridad....

A raíz de las noticias de estos últimos dos ´días, que sólo han sido para anunciar dolor, tragedia e impotencia, pues la violencia y delincuencia del contexto que me ha, que nos ha tocado vivir comienzo a verla más de cerca, y no me gusta, no quiero, no quiero acostumbrarme a ello, no deseo vivir aprendiendo a sobrellevar el miedo. Quiero resistirme. Y en medio de toda la tormenta, donde todo se mueve y nada es firme me pregunto: ¿dónde estás Señor? ¿Qué representas para mí? ¿Quién eres tú para mí? ¿Cómo eterna voluntad y perfecto plan irrumpe mi realidad y transforma mi existir? Todas y cada una de estas son palabras del desesperado, del que ve caer a los inocentes ante ese “monstruo grande que pisa fuerte” y calza bota de policía y militar.

¡Ah Padre!, aquí estoy una vez más desnudando mis sentimientos y vaciando mi interior en tu divina presencia, gracias por tu infinita paciencia, porque no te aburres al escucharme gemir, gracias por que respondes o guardas silencio, pero estás aquí. ¡Hay Señor mío! Refugio mío, eso eres para mí, refugio del dolor que causa el vivir en un mundo caído, lleno de avaricia y sed de dinero y poder, eres refugio del dolor y trauma de las acciones del pasado. Eres mi sentido, mi restaurador, el que da sentido al desastre, el que valora lo inestimable, el que habla cuando incluso yo me siento menos y no digno de escucharte. Eres quien me ama, me enseña amar y a recibir amor. Soy trasparente delante de ti y de mis amigos, quienes me conocen por quien soy, porque en cada escrito refleja todo de mi. ¡Ah Señor Jesús! Tú que caminas junto a mí, ¿cómo he de presentarme ante ti? Soy Abdiel, mi nombre significa “siervo del Señor”, y realmente lo soy por amor y convicción, ¿pero qué más? Mi lugar social es complejo, hay toda una carga cultural. Soy el que se duele con el dolor ajeno, el que guarda silencio porque quiero escuchar, el que te invita a conocerme, a quererme, a cuidarme. Soy débil, débil como todos. ¡Ah Señor! Cuanto más te conozco, quiero saber más de ti, en ti puedo encontrarme.

Gracias por mi familia, por mis amigos, por el amigo que se volvió hermano, con quien más he disfrutado las risas y el buen tiempo, el tiempo de pensar, el tiempo de callar, el tiempo de planear, reír, burlarse, protegerse, cuidarse… gracias por la amiga que se volvió amiga, a quien quiero, a quien menos entiendo, a quien más quiero, a quien me gusta descubrir sus muchos gestos y reacciones que la hacen única y singular, como cuidarse el cabello y peinarse en cada espejo, a quien quiero, con quien aprendo a caminar en tus caminos, a escuchar tu voz, a quien usaste para regresarme a ti y enamorarme de ti.

Gracias Dios porque como me conoces, sabes que necesito cuidados y has puesto gente a mi lado, gracias por la amiga que en sus abrazos y sonrisas encuentro tu alegría, por el hermano en donde descubro tu paciencia, tus cuidados pastorales, por el otro con quien puedo hacerme preguntas de tu creación y me ayuda a entenderte como Dios artista. Gracias por aquellos que pones delante de mí para ministrarme paciencia, por otros más que quieres que acompañe. Gracias por mi hermana, que ha estado cerca, cerca es desde siempre porque por alguna extraña razón –y lo digo con sentido del humor- Tú nos pusiste en la misma familia (somos un par de locos), gracias también por mi padre, quien me ha mostrado tu carácter, por la madre que me besa por las noches en la frente y me abraza, por mi hermana que no se calla y me enseña a ser ejemplo.

Gracias por tu gracia, por tu amor, que es lo que más necesito de ti, lo que más necesito recibir de los demás, por tus detalles, ¡ah Señor! Intento aprender a ser tan detallista con todos ellos como tú lo haz hecho conmigo. Padre gracias por ser padre, por todo, por las responsabilidades, por las circunstancias, por los amigos, por las personas, por todo. ¡Ah, estos últimos dos días han significado tanto! Pareciera que me sobrepasaba pero no es cierto, tu palabra me hace ver la Verdad, me hace sentir paz, calma, alegría, amar, caminar, planear, dar y hablar…

martes, 12 de agosto de 2008

LA TORONJA

Un día llamaron por teléfono, fue mi prima, me dijo que mi abuela estaba gravemente enferma en el hospital, media hora después volvió a llamar, me dijo, con voz quebrada y pausada: "falleció Abdiel". Colgué, guarde silencio, comencé a llorar, tenía un par de meses sin verla. Después, con el tiempo, le escribí esto, aunque lamentablemente ya no lo va a poder escuchar cuando se lo lea, como aquellas tardes cuando se sentaba en la sala y yo tocaba para ella en mi teclado las únicas dos canciones que sabía...


LA TORONJA

Hoy, como ayer,

Comer toronja es mucho más que eso,

Más que una acto sencillo de arranca cáscara, separar gajos y llevarlos a la boca.

Va más allá de perfumar el ambiente con un embriagador aroma,

Mucho más allá de disfrutar de una jugosa, deliciosa y agridulce sensación.

Sí, por supuesto, hoy, comer toronja es mucho más que eso.

Es comer en cada gajo suyo un pedacito de recuerdo,

De cosas y tantas muchas otras cosas,

De personas, lugares, colores, aromas y otra vez, personas,

Igualmente delicioso.

Rememorar a razón de su circunferencia colorada

Un par de pequeñas y gruesas manos morenas,

De uñas cortas luchando contra su cascara.

Y hoy, aquí sentado a la mesa, a la mitad de mi toronja,

Reconozco que fue su perfume el que invocó los recuerdos,

Porque parece que vuelvo, o creo, o quiero escuchar otra vez tu voz

Diciendo, con todo y la impaciencia que tenías,

“cuídate de no manchar tu camisa”.

¿Qué si te extraño?

Por supuesto que sí, mucho, no sabes como ni cuanto.

Recuerdo el sabor de tu comida,

De la misma forma que el brillo de tu sonrisa.

Por eso, hoy, hoy como ayer,

Digo y vuelvo a decir: comer toronja es mucho más que eso.

Es recordarnos a ambos en mis recuerdos,

Debajo de la granada, cerca de la barda de ladrillos,

Descansando por la tarde en un viejo banco de madera,

Comiendo yo con mi abuela.

Por eso, hoy, como ayer, pero más hoy,

Comer toronja es mucho más que eso,

Es una forma deliciosa, dulce y cómplice

Para decir casi en secreto: te quiero, te extraño…